Globo al aire (por Agustín Acevedo Kanopa)
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La música
debe ser de las pocas cosas en que siempre recaí pero como un
espectador sin llegar al hecho concreto de hacerla. De antemano, me
condenaba como un duro para la guitarra, y cuando recién empezaba a
hacer ciertos avances, tuve que dejar para ir a psicólogo. Lo más
cercano a la elaboración de algo relacionado con la música fue un
breve período en que oficié de productor de un disco de un amigo
llamado Pedro Restuccia. El proyecto era tremendamente ambicioso, y
hace poco me alegré de enterarme de que lo que había sido dos tipos
pasandose meses en el ACID, mezclando pistas, mientras uno tomaba
Colet y otro Biotop de durazno, terminó en un trabajo muchísimo más
profesional, con una labor obsesiva característica de Pedro, que de
seguro habrá dado sus frutos. Lo más ambicioso de todo, era adaptar
ciertos poemas míos a algunas canciones de Pedro, proceso que
resultaba prácticamente imposible por mi afición a los versos largos
y mi poca simpatía por la rima. Sin embargo, hubieron dos elementos
que hicieron aquella labor posible: cambiar el orden de la
producción, es decir, darle los poemas a Pedro y que él de ahí
inventara las melodías, y mi incipiente gusto por Spinetta, artista
que terminó por ser coagulante entre dos personas que
progresivamente iban cediendo a gustos cada vez más centrífugos. La
influencia de Spinetta fue por doble partida. Me vino la idea de que
el disco debía sonar como una mezcla entre Madre en años luz y
Kamikaze, y de ahí comencé a escribir pensando en ciertas melodías.
Pero sin lugar a dudas, el otro punto fundamental fue la escritura
del flaco, la que a partir de allí me permitió concebir ciertas
bondades de la rima y de los versos un poco más cortos. Letras como
Ella también y Cantata de los puentes amarillos me
cambió la forma de concebir la confección poética, aspecto que no
sólo influyó en aquel proyecto conjunto, sino que cambió bastante mi
forma de escribir.
Curiosamente, a este disco que está por sacar Restuccia, se le
acopla el lanzamiento de mi primer poemario, llamado Caja Negra. Es
un libro cuyo poema más viejo data del 2002, pero que tomó un rumbo
diferente y serio en el 2005, a partir de un mail aparentemente en
joda que le envié a el fino. En dicho mail, entre toda una
sarta de frases sin sentido, escribí “Hay que volver a ser el
hermoso excremento, fuera de todo molde, libre de oler y repugnar”,
concepción un tanto nietzscheana que sentó el punto de partida de
todo lo que vendría a escribir después.
Tuve la oportunidad de presentarlo con personas muy importantes de la literatura uruguaya, como lo es Omar Prego, Luis Bravo, María Angélica Petit y Mariella Nigro, sumándole un prólogo de Amanda Berenguer y una presentación genial de Ojos del cielo, una banda integrada por Gustavo y Marcelo (tremendas guitarras de Buenos Muchachos) y la increíble violinista Viviane, banda que dejó completamente impresionados no sólo a amigos míos, sino a gente bastante mayor.
Bueno, en fin, el libro aparentemente va a estar en librerías la última
semana de diciembre, y me parece que mejor dejo acá de hacerme autobombo. Luego de pasar más de un año sin escuchar nada de la música de Pedro, me levanté con unas ganas, o más bien una necesidad imperiosa de escuchar unas maquetas que el me había dejado antes de que nos avocáramos al proyecto. En efecto, todas esas canciones me seguían gustando como la primera vez, pero había algo completamente distinto, una nueva significación de las melodías y sus versos que me hizo desvelarme hasta las diez de la mañana, escuchando el disco como tres veces de corrido. Incluso llegué a desear que se mantuvieran los temas exactamente iguales, con ese micrófono grabando ambiente, con esos trasteos y ocasionales desafinaciones, una cierta belleza low fi a la que me referí una vez, hablando sobre Guided by Voices. Es así que por mera casualidad, unos días después de aquello, me llegó un mail de Pedro con un enlace de un tema escrito por mí, llamado Globo al aire. Sólo lo había escuchado una vez en vivo y me había agradado tremendamente, acordándome extrañamente de toda la melodía y un particular rasgueo de guitarras. La nueva versión tiene todos los chiches y posiblemente no podría ser concebida de una mejor manera. Sin embargo, podría decirse que Pedro hizo una versión libre del poema, tomando lo que necesitaba y dejando lo que estaba de más o era imposible de hacer encajar con la melodía. El poema original de Globo al aire nunca me terminó de convencer (no es casualidad que no esté incluido en Caja Negra), pareciéndome en cierto modo demasiado romántico (de romanticismo), una veta que con el tiempo fui atemperando, gracias a Dios. Escuchándolo ahora, pienso que el tema tiene todo para hacer enfurecer a un escritor, ya que todos los versos supuestamente más sofisticados fueron extirpados, quedándose el cantante con los más sencillos, los más transparentes de todos. Y es entonces que me doy cuenta que a pesar de esta mutilación, el tema me parece aún más hermoso, y ahí es que voy al poema original y me doy cuenta de que sí, que realmente todo lo otro que había escrito estaba de más, y que Restuccia, siendo uno de los tipos con mejor oído para la melodía que conocí personalmente, siempre tuvo la razón. Y termino de escuchar Globo al aire y no puedo pensarlo de otra manera, y sí, a lo mejor sí, el hombre y el escritor buscan, necesitan encontrar espejos y no hojas de afeitar en el espacio exterior. |
Artículo extraído del blog "Degollando
Cisnes" de Agustín Acevedo Kanopa, amigo y escritor, con
quien comencé a grabar el disco "Capicúa". Además Agustín es autor de la
letra de "Cristal" (tema que integra el disco antes mencionado) y de
"Globo al aire". Su libro de poemas "Cajas Negra", del año 2007, marca su debut editorial.
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